El Sistema de Auditoría Socioeconómico-Ambiental (SASA), impulsado por la Red Comparte, continúa profundizando en su objetivo de fortalecer iniciativas económicas que integren la sostenibilidad como eje central del desarrollo.

El rasgo 6 del SASA pone el foco en el cuidado de la casa común, promoviendo prácticas productivas que buscan el equilibrio con el entorno, la protección de los recursos naturales y la construcción de territorios más saludables y resilientes.

En este marco, las experiencias de las organizaciones participantes muestran cómo la economía puede ser una herramienta para regenerar, cuidar y preservar la vida en sus múltiples dimensiones.

Agroecología y compromiso con el territorio

Desde la iniciativa Canastas Verdes, María Teresa Calderón comparte cómo el SASA ha sido una herramienta clave en su proceso organizativo y productivo.

“Más que una evaluación, el SASA nos está acompañando y direccionando a hacer protección desde nuestros territorios, a proteger nuestra casa común y también a preocuparnos más por consumir alimentos sanos”, explica.

Este acompañamiento ha fortalecido su apuesta por la agroecología, impulsando prácticas libres de químicos y promoviendo sistemas de producción más saludables. “Nos encontramos haciendo agroecología en cada uno de nuestros territorios”, señala Calderón.

Del acompañamiento a la transformación de prácticas

El proceso no solo ha significado un cambio técnico, sino también una transformación en la forma de comprender la producción y el consumo.

El SASA ha permitido a las iniciativas avanzar hacia una mayor conciencia sobre el impacto de sus prácticas, promoviendo la producción de alimentos sanos y el fortalecimiento del vínculo con el territorio.

Este enfoque integral refuerza la idea de que el cuidado ambiental no es un elemento aislado, sino parte esencial de una economía que busca el bienestar colectivo y la sostenibilidad a largo plazo.

En este sentido, el SASA se consolida como una herramienta que acompaña procesos reales de transición hacia modelos productivos más sostenibles, donde el cuidado de la casa común se convierte en una responsabilidad compartida.

Desde la Red Comparte, estas experiencias reafirman una convicción fundamental: no es posible construir economías justas sin cuidar el entorno que las sostiene.