El Sistema de Auditoría Socioeconómico-Ambiental (SASA), impulsado por la Red Comparte, promueve una forma de entender el desarrollo que parte de los territorios, sus recursos y sus comunidades. En este marco, el rasgo 1 pone el foco en el alcance territorial, destacando la importancia de generar impacto desde lo local para fortalecer economías más sostenibles, autónomas y arraigadas.
Este enfoque reconoce que las iniciativas tienen mayor capacidad de transformación cuando surgen de procesos comunitarios, responden a necesidades reales y se construyen desde el conocimiento del propio territorio.
De lo local a la transformación territorial
Un ejemplo concreto de este enfoque es la biofábrica de la Asociación Adesma, ubicada en Santa María de Chiquimula, Totonicapán (Guatemala).
A partir de un proceso comunitario, la iniciativa ha desarrollado la producción de insumos agrícolas que responden directamente a las necesidades del territorio: concentrado casero para aves criollas, abonos orgánicos, pilones de alfalfa, hortalizas, bancos de semillas y plantas medicinales.
Este modelo no solo fortalece la producción local, sino que también impulsa la autonomía de la comunidad, permitiéndole decidir qué producir, cómo hacerlo y cómo distribuirlo.
Además, Adesma organiza mercados locales donde estos productos se comercializan directamente, cerrando el ciclo entre producción y consumo y fortaleciendo la economía familiar y comunitaria.
Gobernanza local y sostenibilidad a largo plazo
Más allá de la producción, la biofábrica se ha consolidado como un espacio de aprendizaje colectivo donde convergen saberes tradicionales y prácticas agroecológicas. Este intercambio contribuye a mejorar la calidad del suelo, fortalecer la soberanía alimentaria y preservar conocimientos locales.
El SASA permite analizar y acompañar este tipo de procesos, evaluando aspectos como el origen territorial de las iniciativas, la participación comunitaria, el uso de saberes locales y la priorización de mercados cercanos. En el caso de Adesma, estos elementos se traducen en una gobernanza local sólida, que garantiza transparencia, legitimidad y que los beneficios permanezcan en el territorio.
El rasgo 1 del SASA reafirma así una idea clave: el desarrollo no puede imponerse desde fuera, sino que debe construirse desde las comunidades, a partir de sus propias capacidades, conocimientos y aspiraciones.
Experiencias como la de Adesma demuestran que, cuando lo local se fortalece, puede convertirse en un verdadero motor de cambio, generando soluciones integradas, sostenibles y con identidad territorial.