En continuidad con el proceso iniciado en 2025, el 23 de abril la Red Comparte realizó un nuevo espacio virtual de reflexión y diálogo en el que validó la primera versión de su Marco Común de Género (MCG). Este encuentro marcó el cierre de una primera fase de construcción colectiva, permitiendo profundizar en los avances, desafíos y aprendizajes en torno a la integración de la equidad de género en la vida y acción de los Centros Sociales (CS) y las Organizaciones Productoras (OP).

El proceso ha sido dinamizado por el Grupo de Trabajo de Género de la Red Comparte y, en esta etapa inicial, contó con el acompañamiento del Instituto LAINES de la Universidad Iberoamericana de Puebla (México). Con ello, la Red reafirma su compromiso con el rasgo 3: impulsar la equidad de género y el empoderamiento de las mujeres desde una perspectiva feminista, como parte constitutiva de su identidad y misión.
La metodología combinó sesiones virtuales temáticas con espacios de reflexión interna en cada Centro Social, seguidos de procesos de sistematización territorial con fechas definidas. Este esquema —formación, diálogo, trabajo en territorio y devolución colectiva— permitió que el Marco Común de Género no se construyera solo desde el debate conceptual, sino desde experiencias concretas, aprendizajes situados y aportes diversos de la Red, fortaleciendo así su legitimidad y su carácter colectivo.

Tres ejes que orientaron este tramo del camino

Durante este ciclo de trabajo, la Red profundizó en tres temas estratégicos priorizados en el espacio asambleario de El Salvador 2024:

  • Relaciones de poder y nuevas masculinidades
  • Economía feminista y de cuidados en la economía social y solidaria
  • Igualdad de género y cuidado de la Casa Común

Las reflexiones compartidas evidencian que la equidad de género no puede asumirse como un componente complementario, sino como un eje transversal que debe permear las dinámicas organizacionales, los proyectos productivos y las prácticas cotidianas en todos los territorios donde la Red hace presencia.

Avances que animan

Entre los elementos que generan mayor esperanza, se destacó:

  • El reconocimiento del cuidado como base que sostiene la vida, las organizaciones y la economía.
  • La valoración creciente de los saberes y liderazgos de las mujeres, especialmente en procesos de agroecología y defensa de los bienes naturales.
  • La apertura de espacios seguros de reflexión donde hombres y mujeres cuestionan roles tradicionales y exploran nuevas formas de corresponsabilidad.
  • El compromiso de varios Centros Sociales por incorporar el enfoque de género en sus políticas, proyectos, presupuestos y estructuras internas.

Asimismo, se reconoció que la agroecología y la economía del cuidado constituyen herramientas estratégicas para fortalecer la autonomía económica de las mujeres y avanzar hacia relaciones más horizontales, democráticas y coherentes con los principios de la economía social y solidaria.

Desafíos que orientan el compromiso

El compartir también permitió visibilizar desafíos de carácter estructural para la Red: consolidar una participación más orgánica y corresponsable de todos los Centros Sociales; garantizar que el MCG permee efectivamente a las Organizaciones Productoras y grupos de base como herramienta de transformación —y no solo como lineamiento institucional—; y avanzar cada vez más en la implicación real de los hombres en la redistribución de los cuidados y en la revisión crítica de las relaciones de poder que sostienen las desigualdades.

Se reafirmó que sin una corresponsabilidad efectiva en la distribución de los tiempos y las cargas de trabajo no es posible avanzar hacia la igualdad de género. En este sentido, la nueva etapa exige impulsar transformaciones concretas en la cultura organizacional, al tiempo que se profundiza en la cualificación y la reflexión conceptual, consolidando la institucionalización del MCG en políticas, planes, presupuestos y prácticas cotidianas, de manera coherente y sostenida.

Un horizonte compartido

Con ritmos y contextos diversos, los Centros Sociales y las Organizaciones Productoras continúan caminando hacia un horizonte común: integrar la justicia de género y el cuidado de la Casa Común en el corazón de la economía social y solidaria.

La Red Comparte asume este proceso como una apuesta estructural y de largo plazo, que requiere compromiso sostenido, coherencia institucional y trabajo articulado. Más que un documento, el Marco Común de Género se consolida como una hoja de ruta viva que orienta relaciones más justas, sostenibles y corresponsables en los territorios.