En las montañas del suroccidente colombiano, donde el verde se funde con la neblina y los caminos son testigos de la resiliencia campesina, avanza una apuesta que ha unido voluntades para transformar realidades: el proyecto “Economía para la Vida – Fase II”. Esta iniciativa impulsada por la Fundación Suyusama en alianza con Alboan y con el respaldo del Gobierno de Navarra; ha tejido redes de cooperación entre comunidades rurales de San Lorenzo, Chachagüí, Taminango y La Unión (Nariño), con el objetivo de fortalecer la soberanía alimentaria, la equidad de género, la economía solidaria y la paz territorial.

Con este proyecto recordamos y aprendemos que el buen vivir empieza aquí, en nuestra tierra, con las economías del cuidado que empiezan en todo aquello que cultivan las comunidades campesinas desde sus realidades culturales y con la comprensión de que la solidaridad es la base de la fuerza comunitaria.

Resultados que florecen en comunidad

Durante el primer año de ejecución del proyecto “Economía para la Vida – Fase II”, se consolidan bases sólidas para fortalecer iniciativas productivas, económicas, ambientales y sociopolíticas en los municipios.
Con la participación de 444 familias campesinas (273 mujeres y 171 hombres), el proyecto ha dinamizado procesos que aportan a la soberanía alimentaria, la economía solidaria, la incidencia política local y regional y el cuidado de la casa común.

A continuación, los principales resultados del primer año:

1. Transición agroecológica y fortalecimiento productivo

  • 329 fincas acompañadas en planificación predial participativa con la herramienta IPPTA.
  • 71 sistemas finca entregados para impulsar prácticas agroecológicas adaptadas a cada territorio.
  • 4 talleres prácticos (uno por municipio) sobre abonos orgánicos y biocontroladores.
  • 5 fincas escuela acompañadas como espacios de formación y experimentación.
  • Talleres teórico-prácticos sobre recuperación y conservación de semillas nativas y criollas.

2. Redes, circuitos locales y economías solidarias propias

  • Creación del Circuito Económico Solidario (CES) “Economía para la Vida” con 16 emprendimientos que agrupan a 224 familias.
  • Diagnóstico socio empresarial en 16 organizaciones y aplicación de 11 auditorías socioambientales SASA.
  • Fortalecimiento de emprendimientos en gastronomía tradicional, turismo ecológico, café, panadería artesanal, producción pecuaria y comercio de productos frescos y transformados.
  • Articulación con el SENA y la Universidad CESMAG para formación en agregación de valor y calidad.
  • Participación en espacios de comercialización regional en Pasto, en alianza con el CES Enjambre.

3. Consumo responsable y producción agroecológica

  • Transferencia metodológica de la estrategia Canastas Verdes para su réplica en territorios priorizados.
  • Identificación de Chachagüí como territorio piloto, con la participación de 38 familias productoras en el diseño colectivo de la propuesta.

4. Diálogo social, equidad de género y participación comunitaria

  • Elaboración de 4 Diagnósticos Rurales Participativos y 4 Planes de Salvaguarda del patrimonio cultural campesino.
  • 12 talleres de formación en equidad de género y 4 círculos de mujeres.
  • Construcción de la propuesta metodológica para la futura Escuela Política Campesina.
  • Jornadas de concertación para la formulación de Planes de Vida, con amplia participación comunitaria.

5. Monitoreo, comunicación y fortalecimiento organizativo

  • Creación del Comité de Monitoreo Técnico-Político con representantes comunitarios y del Comité Técnico-Administrativo con miembros del equipo Suyusama.
  • Co-creación de la identidad colectiva “Economía para la Vida”, basada en cinco pilares: Transformación, Solidaridad, Casa Común, Equidad y Cuidado.
  • Creación de 5 colectivos juveniles de comunicación que agrupan a jóvenes formados en comunicación popular.
  • Desarrollo de una estrategia de difusión con producción de videos, infografías, bitácoras, publicaciones y souvenirs.

Más que un proyecto, una apuesta por la vida

El balance del primer año demuestra que Economía para la Vida – Fase II no solo está cumpliendo sus metas, sino que está consolidando una red de iniciativas comunitarias que articulan producción sostenible, comercio justo, empoderamiento social y conservación ambiental.

Este proceso reafirma el compromiso de las comunidades campesinas y de la Fundación Suyusama con el desarrollo territorial endógeno, equitativo y sostenible, en el marco del buen vivir y como aporte a la paz y la justicia social en el suroccidente colombiano.

Este primer año ha dejado aprendizajes profundos: que la economía solidaria es una herramienta para la dignidad, que la agroecología es un camino para cuidar la casa común y que la organización comunitaria es la base para la paz territorial.

“Economía para la Vida” seguirá avanzando, con la convicción de que el futuro se cultiva hoy, desde la tierra y con las manos de quienes la habitan.