Con el objetivo de proteger la biodiversidad local y fortalecer la soberanía alimentaria, aproximadamente 50 productores/as Momostenango, Santa María Chiquimula, Cantel y San Juan Ostuncalco en Guatemala, se reunieron en la aldea Rachoquel para celebrar la feria. 

ASERJUS, organización que forma parte de la Red Comparte, acompañó en la organización de este encuentro que trascendió el intercambio de semillas de maíz nativo, frijol y plantas medicinales, convirtiéndose en un espacio de reafirmación cultural. Ante el avance de semillas híbridas y transgénicas promovidas por mercados globales, las comunidades rurales apuestan por la conservación de variedades nativas y criollas como una herramienta de resistencia política y defensa de su identidad.

El rol protagónico de la mujer

Un aspecto destacado de la jornada fue la participación mayoritaria de mujeres, quienes desempeñan un papel fundamental en la custodia de la biodiversidad y la transmisión de saberes ancestrales. Según los organizadores, este intercambio no sólo dinamiza la economía solidaria, sino que cuestiona la dependencia tecnológica y comercial que afecta a los pueblos campesinos.

Hacia un sistema de protección comunitaria

Lo/as participantes enfatizaron la necesidad de avanzar en la consolidación de redes de resguardo y multiplicación de semillas. Asimismo, hicieron un llamado a implementar metodologías de registro participativo que garanticen la protección legal de estas variedades frente a posibles intentos de privatización.

La feria concluyó con la propuesta de articular esfuerzos regionales para construir un sistema alternativo de producción basado en la reciprocidad, la equidad de género y la sostenibilidad, posicionando al maíz nativo como el eje central de la soberanía alimentaria en los territorios.