En un contexto donde avanzar hacia modelos económicos más justos implica necesariamente transformar las desigualdades de género, la Red Comparte continúa profundizando su compromiso con la equidad a través del Sistema de Auditoría Socioeconómico-Ambiental (SASA).

El rasgo 3 del SASA pone el foco en cómo las iniciativas, desde perspectivas feministas, promueven la equidad de género y contribuyen al empoderamiento de las mujeres. No se trata únicamente de garantizar su participación, sino de fortalecer su liderazgo, su capacidad de decisión y el reconocimiento de su papel en la vida económica y comunitaria.

De la participación al liderazgo

Este enfoque se traduce en procesos concretos dentro de las organizaciones de la red. Así lo comparte Rosa Alexandra Bejarano, integrante de la Asociación Tejedora de Sueños, quien destaca que la equidad de género se vive de manera transversal en su iniciativa: “No solo buscamos la equidad en el papel, sino que impulsamos el liderazgo real de las mujeres en la toma de decisiones”.

La implementación del SASA ha supuesto un punto de inflexión en este proceso. Según explica, ha permitido pasar de la intención a la acción, generando cambios significativos en la participación de las mujeres. “Ya no es solamente una participación numérica, sino un empoderamiento de liderazgos”, afirma.

 

Autovaloración y transformación comunitaria

Uno de los avances más relevantes ha sido el fortalecimiento de la autovaloración de las mujeres. A través de este proceso, muchas han comenzado a reconocer su propio potencial y su capacidad para contribuir al bienestar de sus familias y comunidades. “Antes no sabíamos cuánto valíamos ni qué potencial teníamos para generar recursos y sacar adelante a nuestras familias”, señala Bejarano.

Este cambio no solo impacta en lo individual, sino también en lo colectivo. El fortalecimiento del liderazgo femenino impulsa transformaciones en las dinámicas organizativas y comunitarias, abriendo camino hacia relaciones más equitativas y sostenibles.

El SASA, en este sentido, se consolida como una herramienta clave para acompañar estos procesos, promoviendo una mirada integral que sitúa la equidad de género como un eje central del desarrollo.

Desde la Red Comparte, estos avances reafirman una convicción clara: no es posible construir economías sostenibles sin equidad de género. Apostar por el empoderamiento de las mujeres es, también, apostar por territorios más justos, resilientes y con mayor capacidad de transformación.