En Chiapas, 80 mujeres tseltales de 10 comunidades están protagonizando una transformación poderosa: están tomando el control de sus economías familiares y comunitarias a través de un modelo de créditos productivos en especie con cerditos criollos, acompañado de formación en educación financiera. Esta iniciativa impulsada por el grupo cooperativo Yomol A’tel, que forma parte de la red Comparte, ha crecido rápidamente desde sus inicios en 2022, cuando comenzó con solo 12 mujeres. Su aceptación comunitaria y su impacto tangible han permitido que se escale con facilidad en la región, logrando articular producción, organización y finanzas con rostro de mujer.
Promotoras comunitarias: pilares clave del proceso
Un pilar clave en este proceso ha sido el trabajo de mujeres tseltales como María Candelaria Rodríguez Hernández, promotora comunitaria, quien se encarga de articular las actividades del proceso de educación financiera, dar seguimiento a los acuerdos, fortalecer la participación de las compañeras y vincular a más mujeres al proyecto. Su acompañamiento cercano y continuo ha sido fundamental para mantener viva la organización y el aprendizaje colectivo en cada comunidad.

El sistema solidario que permite a más mujeres integrarse cada año
Cada mujer recibe dos lechones bajo un esquema de microcrédito en especie, con el compromiso de devolver mínimo dos crías una vez que los animales se reproduzcan. Esto permite que nuevas compañeras se integren al proceso, generando un sistema autosostenible y solidario. Pero el proyecto va más allá de la entrega de animales: incluye una propuesta formativa robusta en temas como inversión, reinversión, cálculo de costos, ahorro y manejo económico del hogar, todo ello en el idioma propio de las mujeres participantes.
Como parte de este enfoque pedagógico y cultural, se han creado cuatro manuales bilingües (español-tseltal), desarrollados desde las experiencias de las propias mujeres. Estos materiales se usan en talleres presenciales que se replican en cada comunidad y se complementan con asesoría continua desde la organización.
Un proceso que integra producción, finanzas y justicia de género desde el territorio tseltal
El impacto ha sido notable: las mujeres no solo generan ingresos propios mediante el ahorro por consumo familiar o la venta de cerditos, sino que también participan activamente en asambleas, toman decisiones y fortalecen la organización local a través de acuerdos comunitarios para el manejo de los créditos. En muchos casos, han empezado a usar los residuos de los animales para hacer composta y mejorar sus huertos, sumando prácticas agroecológicas a la iniciativa.
Este modelo, profundamente enraizado en la cultura y el territorio, demuestra que la autonomía económica, la justicia de género y la sostenibilidad pueden construirse desde abajo, con sabiduría colectiva, organización comunitaria y un par de lechones como punto de partida.